Perfil · 1959 · Bogotá
El Dorado, 1959: el aeropuerto que Bogotá construyó pensando en un país que todavía no existía
Inaugurado a finales de la década de 1950, el terminal aéreo de la capital reemplazó a Techo y quedó dimensionado con una holgura que tardaría décadas en resultar insuficiente.
Aviación temprana
Colombia ocupa un lugar particular en la historia de la aviación comercial latinoamericana: la compañía fundada en Barranquilla en 1919, antecesora de Avianca, figura entre las aerolíneas más antiguas del mundo en operación continuada. Esa precocidad tuvo una explicación práctica más que un afán de vanguardia: en un país partido por tres cordilleras, donde el transporte terrestre resultaba lento y costoso, el avión resolvía en horas lo que el río y la mula resolvían en semanas.
Bogotá operaba a mediados de siglo desde el aeropuerto de Techo, cuya capacidad y ubicación resultaban ya insuficientes para el tráfico creciente y para los aviones de mayor porte que empezaban a circular.
La obra
El nuevo terminal se construyó al occidente de la ciudad, sobre la sabana, y fue inaugurado el 10 de diciembre de 1959. El proyecto contemplaba pistas capaces de recibir aeronaves de gran tamaño, en un emplazamiento a más de 2.500 metros de altitud, condición que impone exigencias adicionales de longitud de pista por la menor densidad del aire.
En el momento de su apertura, las dimensiones del conjunto parecían desproporcionadas frente al tráfico que la ciudad generaba. Esa holgura inicial permitió que la infraestructura básica sirviera durante varias décadas sin necesidad de reubicación, algo que otras capitales de la región no lograron.
Las obras de infraestructura bien dimensionadas parecen excesivas el día que se inauguran; es exactamente por eso que sirven.
La transformación posterior
Con el crecimiento del tráfico aéreo, El Dorado se fue quedando corto. A partir de finales de la primera década de este siglo se ejecutó una modernización integral bajo esquema de concesión, que incluyó la construcción de un terminal de pasajeros enteramente nuevo, entregado por etapas, y la renovación de plataformas y sistemas.
Los elementos que definen hoy su papel pueden sintetizarse así:
- Es el aeropuerto con mayor movimiento de pasajeros de Colombia y uno de los principales de América Latina.
- Concentra un volumen de carga aérea que lo sitúa entre los primeros del continente, condición relacionada con la exportación de flores y otros productos perecederos.
- Funciona como centro de conexiones regionales para varias aerolíneas.
La cuestión pendiente
El crecimiento sostenido reabrió, ya avanzada la modernización, el debate sobre la capacidad de largo plazo del complejo y sobre la conveniencia de desarrollar infraestructura aeroportuaria complementaria en la sabana. Esa discusión, aún sin resolución definitiva, reproduce en el siglo XXI el mismo dilema que enfrentaron quienes decidieron abandonar Techo.
Balance
El Dorado ilustra una virtud poco reconocida de la planeación pública colombiana de mediados del siglo XX: la disposición a construir por encima de la necesidad inmediata. Aquella decisión de 1959 le ahorró al país medio siglo de improvisaciones. La pregunta que corresponde hacerse hoy, con la misma sobriedad, es si las decisiones actuales resistirán una comparación semejante dentro de cincuenta años.
“Aquella generación construyó por encima de su necesidad inmediata, y esa previsión duró medio siglo.”
Temas
Firma
Dirige la sala de redacción desde su fundación. Escribe sobre obra pública y gestión institucional con la convicción de que una carretera es también un documento político.
