Dato · 1917 · Bogotá
Instituto Nacional de Salud: un laboratorio de 1917 convertido en el sistema de alerta del país
Nacido como un laboratorio privado dedicado a producir sueros y vacunas, el INS concentra hoy la vigilancia epidemiológica, la red nacional de laboratorios y la coordinación de los bancos de sangre.
El origen
El antecedente directo del Instituto Nacional de Salud es un laboratorio fundado en Bogotá en 1917 por dos médicos, dedicado inicialmente a la producción de sueros y vacunas y a los análisis clínicos, en un momento en que el país carecía por completo de capacidad propia para elaborar biológicos.
Ese laboratorio fue incorporado al Estado en las décadas siguientes y, a través de sucesivas reorganizaciones del sector salud, derivó en la entidad que hoy funciona como referente científico y técnico nacional en materia de salud pública.
Las cuatro funciones
La entidad concentra tareas que en otros países están repartidas entre varias instituciones.
- Vigilancia en salud pública: opera el sistema nacional que recoge, procesa y analiza la notificación de eventos de interés en salud desde todo el territorio.
- Laboratorio nacional de referencia: confirma diagnósticos, caracteriza agentes infecciosos y respalda técnicamente a la red de laboratorios departamentales y distritales.
- Coordinación de la red de bancos de sangre y de donación de órganos y tejidos.
- Investigación en salud pública, con líneas en enfermedades transmitidas por vectores, resistencia antimicrobiana, nutrición y salud ambiental.
Un sistema de vigilancia se mide por lo que detecta a tiempo, no por lo que informa después.
Por qué la vigilancia importa
La utilidad de esta clase de entidades es difícil de percibir en condiciones normales y evidente en las anormales. La detección temprana de brotes, la caracterización de agentes circulantes y la capacidad de procesar muestras a escala determinan la diferencia entre una respuesta ordenada y una improvisada.
Colombia ha enfrentado en las últimas décadas episodios que pusieron a prueba esa capacidad: la circulación de arbovirus transmitidos por el mosquito Aedes, brotes de enfermedades prevenibles por vacunación en zonas con coberturas bajas y, más recientemente, la respuesta a la pandemia de covid-19, durante la cual la red nacional de laboratorios pasó de una capacidad concentrada en Bogotá a una operación distribuida en todos los departamentos.
La geografía como variable
La estructura del país impone una dificultad específica. Las condiciones ecológicas de las regiones colombianas favorecen la presencia de enfermedades transmitidas por vectores que en otras latitudes son excepcionales, y la dispersión de la población en zonas de difícil acceso complica tanto la notificación como la toma de muestras.
Esa realidad explica la importancia de la red descentralizada de laboratorios de salud pública, uno por departamento, que hace de intermediaria entre los prestadores locales y el nivel nacional.
Lo que está en juego
La capacidad instalada en vigilancia epidemiológica es un bien público que se construye lentamente y se deteriora rápido. Requiere personal formado, equipos actualizados, insumos disponibles y una cadena de notificación que funcione todos los días, incluidos aquellos en que no pasa nada.
Su valor solo se contabiliza en los eventos que no ocurrieron, lo que la vuelve difícil de defender presupuestalmente y fácil de echar de menos.
“Un sistema de vigilancia se mide por lo que detecta a tiempo, no por lo que informa después.”
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Dirige la sala de redacción desde su fundación. Escribe sobre obra pública y gestión institucional con la convicción de que una carretera es también un documento político.
