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Crónica · 1939 · Bogotá

El Museo del Oro, o cómo una compra de 1939 impidió que se fundiera la memoria de un país

La adquisición del Poporo Quimbaya por parte del Banco de la República marcó el inicio de una colección que hoy reúne decenas de miles de piezas de orfebrería prehispánica.

Clara Benavides6 de febrero de 20266 min de lectura

Antes de la colección

Durante los siglos que siguieron a la Conquista, buena parte de la orfebrería prehispánica colombiana siguió un destino sencillo y definitivo: la fundición. Las piezas de oro halladas en tumbas y guacas valían, para el comercio, lo que pesaban. Ese cálculo destruyó un volumen incalculable de trabajo metalúrgico de las sociedades muisca, quimbaya, zenú, tairona, calima, tolima y nariño, entre otras.

Contra ese hábito se levantó, en 1939, una decisión administrativa aparentemente modesta. El Banco de la República adquirió una pieza conocida como el Poporo Quimbaya, un recipiente de oro empleado para guardar la cal que acompañaba el consumo ritual de hoja de coca. Con esa compra la entidad inició una política sostenida de adquisición y conservación.

De colección a museo

El razonamiento institucional detrás de esa política tenía una lógica práctica: si el Banco compraba las piezas por encima de su valor como metal, retiraba del mercado un incentivo para destruirlas. Lo que empezó como un mecanismo de rescate se transformó en un acervo de dimensiones internacionales.

Salvar un objeto de la fundición es, en el fondo, una forma silenciosa de política pública.

En 1968 la colección se trasladó a una sede propia construida en el Parque Santander, en el centro de Bogotá, edificio que se convirtió en la referencia habitual del museo. Décadas después el conjunto fue sometido a una renovación integral, con nuevo guion museográfico y ampliación de espacios, y reabrió sus puertas en 2008.

El giro en la manera de contar

La renovación no fue solo arquitectónica. El guion abandonó la presentación de las piezas como tesoro y las organizó según criterios que privilegian el significado cultural: los procesos técnicos de la metalurgia prehispánica, el uso ritual de los objetos, la relación entre orfebrería y estructura social, y la continuidad de los pueblos indígenas contemporáneos.

Ese cambio importa porque corrige una lectura extendida. La orfebrería prehispánica colombiana no destaca principalmente por la cantidad de oro empleado, sino por el dominio técnico que suponen sus aleaciones, en particular la tumbaga, mezcla de oro y cobre trabajada con procedimientos de enriquecimiento superficial que exigían un conocimiento metalúrgico refinado.

Una red, no un edificio

Del mismo modo que ocurrió con las bibliotecas, el modelo se descentralizó. El Banco de la República desarrolló museos del oro regionales en varias ciudades del país, cada uno dedicado a las tradiciones orfebres de su área de influencia. Esa distribución permitió que las piezas se exhiban, en muchos casos, cerca de los territorios donde fueron elaboradas.

Legado

El Museo del Oro es, con distancia, la institución cultural colombiana con mayor reconocimiento internacional, y su historia contiene una enseñanza que trasciende lo museográfico: una entidad puede proteger un patrimonio sin que exista una ley que se lo ordene, simplemente porque alguien, en 1939, comprendió que ciertos objetos valen mucho más de lo que pesan. Ochenta años después, esa comprensión sigue siendo el fundamento de todo lo demás.

Alguien comprendió, en 1939, que ciertos objetos valen mucho más de lo que pesan; el resto fue consecuencia.

Colombia Líder

Temas

  • orfebreria
  • prehispanico
  • museos
  • patrimonio

Sobre las fuentes: Datos de origen de la colección y fechas de sede tomados de la documentación histórica publicada por la entidad responsable.

Firma

Clara Benavides

Redactora de cultura

Cubre patrimonio y bibliotecas. Sostiene que el archivo es la infraestructura más barata que un país puede construir.