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Despacho · 2019 · Barranquilla

Barranquilla, 2019: el nuevo Pumarejo y los cuarenta y cinco metros que le faltaban al río

El puente que reemplazó al viaducto de 1974 sobre el río Magdalena elevó el gálibo de navegación y amplió la calzada. La obra respondía menos a un problema de tráfico que a uno portuario.

Tomás Arboleda13 de mayo de 20255 min de lectura

El problema no era el tráfico

El puente que cruzaba el río Magdalena a la altura de Barranquilla, inaugurado en 1974, cumplió durante más de cuatro décadas su función vial: conectar la ciudad con el oriente del departamento del Atlántico y con la Magdalena. Su limitación estaba en otra parte.

La altura libre bajo el tablero restringía el paso de embarcaciones de gran calado hacia el puerto fluvial y las instalaciones situadas aguas arriba. En un río que constituye la principal vía navegable del país y en una ciudad cuya economía depende del movimiento portuario, esa restricción fijaba un techo al tipo de carga que podía manejarse.

La obra

El nuevo puente fue abierto al tráfico a finales de 2019. Se trata de una estructura atirantada, con una longitud total cercana a los 2,2 kilómetros y un vano central de aproximadamente 380 metros, sostenido por torres de las que parten los tirantes.

El dato decisivo, sin embargo, es el gálibo: la nueva estructura dejó una altura libre de navegación del orden de 45 metros, muy superior a la del puente anterior. Con ello quedó habilitado el tránsito de buques que antes no podían remontar el tramo.

Un puente se diseña para lo que pasa encima, pero a veces se decide por lo que pasa debajo.

Lo que se ganó en la calzada

El componente vial también cambió de escala. La sección incorporó más carriles por sentido que la estructura reemplazada, además de separación entre calzadas y espacio destinado a la circulación peatonal y de ciclistas, elemento ausente en el diseño de los años setenta.

Para una ciudad que creció considerablemente entre ambas fechas, la ampliación resolvió un cuello de botella cotidiano en el acceso oriental.

El antecedente que se conservó

El puente original llevaba el nombre oficial de Laureano Gómez, aunque el uso popular lo asoció desde el comienzo a Alberto Pumarejo, dirigente barranquillero que impulsó su construcción. La nueva estructura conservó la denominación con la que la ciudad lo había bautizado.

Esa continuidad del nombre no es un detalle menor en términos de apropiación urbana: el puente funcionó durante décadas como una de las imágenes de referencia de Barranquilla y su silueta figura en la iconografía local.

Cómo se construyó

La ejecución se resolvió sin interrumpir el servicio del puente antiguo, que siguió operando mientras la nueva estructura se levantaba a pocos metros de distancia. Solo una vez habilitado el paso por el puente nuevo se procedió al desmonte del anterior, tarea que en un cauce navegable impone precauciones adicionales sobre el manejo de escombros.

El tablero se construyó por avance en voladizo desde las torres, técnica habitual en puentes atirantados de vano largo, que evita apoyos provisionales sobre el lecho del río y reduce la interferencia con la navegación durante la obra.

Lo que falta discutir

La obra habilitó una condición de navegabilidad, pero la navegabilidad efectiva del Magdalena depende de factores que un puente no resuelve: profundidad del canal, dragado de mantenimiento, sedimentación y continuidad en la inversión sobre la vía fluvial.

El país ha oscilado durante décadas entre proyectos de recuperación de la navegación por el Magdalena y periodos de abandono del asunto. El nuevo Pumarejo eliminó un obstáculo físico concreto. Los demás siguen sobre la mesa.

Un puente se diseña para lo que pasa encima, pero a veces se decide por lo que pasa debajo.

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Temas

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  • navegacion
  • atlantico

Sobre las fuentes: Basado en las fichas técnicas oficiales del proyecto y en registros de prensa del momento de la apertura. Las magnitudes se presentan de manera aproximada.

Firma

Tomás Arboleda

Editor de infraestructura

Sigue el rastro de puentes, túneles y puertos. Le interesa menos la inauguración que el mantenimiento diez años después.